Un estadounidense ha desviado más de 8 millones de dólares difundiendo masivamente canciones generadas por inteligencia artificial… que nadie había escuchado jamás. Un fraude que pone al descubierto las fallas del streaming y las crecientes derivas vinculadas a la IA musical.
Streaming e IA: un estafador desvía más de 8 millones de dólares
Según Louder, Michael Smith, de 54 años, se declaró culpable tras poner en marcha un sistema de fraude basado en música generada por inteligencia artificial. Produjo cientos de miles de pistas mediante IA y, posteriormente, creó miles de cuentas en plataformas de streaming. A continuación, un software automatizado reprodujo estos temas en bucle, generando miles de millones de escuchas artificiales, lo que le permitió percibir 8.091.843,64 dólares en concepto de derechos. Deberá reembolsar esa cantidad y se enfrenta a una pena de hasta cinco años de prisión, con sentencia prevista para julio.
El modelo del streaming se basa en un fondo común que se reparte en función de las escuchas. Al inflar artificialmente sus cifras, Smith desvió ingresos destinados a artistas legítimos. El fiscal Jay Clayton lo resume así: “Aunque las canciones y los oyentes fueran falsos, los millones de dólares desviados eran bien reales”.
Explosión de la música generada por IA: una amenaza para los artistas
Este caso se inscribe en el auge masivo de los contenidos generados por IA. Billboard señala que Suno produciría hasta siete millones de pistas al día, mientras que Deezer recibe alrededor de 60.000 diariamente. Algunos proyectos de IA ya superan a artistas consolidados en número de oyentes. Temas inspirados en grupos existentes se cuelan en listas de reproducción automatizadas, con una visibilidad amplificada por los algoritmos.
Este fenómeno viene acompañado de prácticas documentadas: una parte significativa de estos contenidos estaría vinculada a actividades fraudulentas, a menudo impulsadas por reproducciones automatizadas.
Los músicos, divididos ante la inteligencia artificial
En la escena metal, las reacciones son dispares. Dino Cazares (Fear Factory) advierte de un perjuicio económico directo y considera que estas tecnologías explotan los catálogos existentes sin remuneración.
Otros artistas denuncian creaciones “sin alma” y reclaman una regulación estricta para proteger la música hecha por humanos.
Por su parte, Jordan Rudess (Dream Theater) ve en la IA una herramienta creativa y pedagógica capaz de enriquecer la composición, aunque insiste en la necesidad de un uso responsable.
Entre los actores del sector, las dudas persisten. Paul Sinclair, directivo de Suno, reconoce: “Cada día me digo: no destruyas la música. Estoy constantemente dividido. Es complejo.”
La sentencia de Michael Smith se dictará en julio.
